El arte de tratarse bien
- 2 jul
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Habitualmente asociamos la salud con ir al médico, tomar medicamentos o medir los niveles de presión. No obstante, existe un pilar fundamental para el bienestar que suele pasar desapercibido: la forma en la que nos hablamos a nosotros mismos.

L.G. Yamileth Villarreal
En julio, cuando a veces el año va a la mitad y evaluamos cómo nos sentimos, es el momento perfecto para hablar de la autocompasión.
Aceptar los cambios físicos, la disminución en ciertos ritmos o los olvidos cotidianos desde la queja o el autorreproche solo genera estrés metabólico y emocional. La autocompasión no es autocompasión condescendiente ni lástima; es la capacidad de tratarnos con la misma amabilidad y paciencia con la que trataríamos a nuestro mejor amigo.
El cuerpo y la mente cambian en cada etapa de la vida, y la vejez exige una adaptación constante.
Tratar bien a nuestro cuerpo significa escuchar sus nuevas necesidades: darle un descanso adecuado, alimentarlo con conciencia y moverlo con respeto a través del ejercicio adaptado, sin exigirle marcas de juventud pero celebrando su funcionalidad actual.
Tratarse bien también implica establecer límites saludables con el entorno, aprender a decir "no" cuando una tarea nos sobrepasa y pedir ayuda sin que eso signifique perder nuestra independencia. Reconciliarnos con nuestro presente y abrazar nuestra historia de vida con sus luces y sombras es la clave para una salud mental inquebrantable.
Es momento de romper con esa falsa creencia de que envejecer significa resignarse a vivir con frustración. Detente un segundo a pensar: si un amigo cercano te contara que le cuesta un poco más de trabajo levantarse de la silla o que olvidó dónde dejó las llaves, ¿le gritarías?, ¿le dirías que ya no sirve para nada? Por supuesto que no.
Le darías una palabra de aliento, le ofrecerías tu mano y le recordarías su valor. Entonces, ¿por qué permites que tu voz interna te trate con una dureza que jamás usarías con alguien más? Cambiar el diálogo interno no es un lujo o un tema puramente espiritual; es una necesidad médica.
Cuando te hablas desde el amor y la paciencia, disminuyes los niveles de cortisol en tu cuerpo, permitiendo que tu sistema inmunológico y tu cerebro funcionen muchísimo mejor.
Aprender a hablarte con amabilidad también significa redefinir lo que significa el éxito en tu día a día. Tu valor actual no se mide por la velocidad con la que caminas, por cuántas tareas eres capaz de resolver al mismo tiempo o por cumplir las expectativas de un mundo que vive de prisa.
Tu valor radica en tu presencia, en tu sabiduría y en tu capacidad de seguir adaptándote. Si hoy tu cuerpo te pide ir más despacio, no lo veas como una traición; fíjate en todo lo que ese mismo cuerpo ha resistido, sanado y caminado para traerte hasta el día de hoy.
Honrar tu ritmo actual es el acto de rebeldía más grande que puedes hacer contra una sociedad que insiste en asociar la productividad con la dignidad.
La autocompasión también te invita a hacer las paces con el pasado. Es completamente normal que al mirar atrás aparezcan nostalgias o decisiones que hoy tomarías de otra manera; sin embargo, abrazar tu historia con compasión significa entender que hiciste lo mejor que pudiste con las herramientas que tenías en ese momento. Hoy estás aquí, vivo, con un bagaje de experiencias que nadie más posee.
No permitas que los "hubiera" te roben el oxígeno de tu presente. El autocuidado no es solo tomarte el medicamento a la hora exacta o asistir a tus revisiones; es regalarte el derecho de disfrutar de tu propia compañía, de reírte de tus tropiezos y de aplaudirte cada pequeño logro diario.
Porque cuidar de ti es el primer paso para disfrutar de la vida.
¿Qué pequeña acción de amor propio o autocuidado vas a regalarte el día de hoy? ¡Comparte este artículo con alguien que necesite un recordatorio de tratarse con más cariño!







