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¿Te da miedo el cambio? Atrévete a mejorar tu vida con pequeñas acciones

  • hace 9 horas
  • 4 Min. de lectura

¿Año nuevo, vida nueva? No lo creo del todo, pero sí creo en abrir y cerrar ciclos, en hacer ajustes y pequeñas acciones que pueden hacernos mucho bien. Me encantan los rituales de fin de año: comer uvas, pedir deseos, revisar el pasado y proyectar el futuro.


Maestra en Psicología Paulina del Monte


Y aunque ya estamos entrados en el 2026, siempre es buen momento para pensar en qué queremos mejorar en nuestra vida.

 

Me gusta pensar que la vida es un camino infinito de crecimiento, evolución y aprendizaje. A veces los cambios se presentan sin que los esperemos, nos sorprenden y nos mueven. Nos adaptamos como podemos y la vida sigue. En muchos casos, crecemos a través de estos procesos.


Otras veces, los cambios los deseamos o los provocamos. Hoy quiero hablar de esos cambios que queremos hacer para mejorar algún aspecto de nuestra vida: la esfera física, emocional, social o espiritual.


Cuando nos resistimos a cambiar, suele haber una razón. Tal vez nos da miedo lo desconocido, o quizá no cambiar nos ofrece algún beneficio. Te invito a reflexionar e identificar cuál es ese beneficio de no cambiar, para que podamos decidir conscientemente si estamos dispuestos a perderlo a cambio de lo que queremos ganar.


Por ejemplo, yo preparo temprano el desayuno para mis hijos y mi esposo. Después ellos se van y yo tengo un tiempo libre antes de comenzar a trabajar. Me gusta mucho hacerme un café, volver a meterme a la cama y ver redes sociales. Al inicio, este ritual me generaba relajación y satisfacción. Sin embargo, con el tiempo noté que paso más tiempo del que quisiera en el celular. Me siento ansiosa, mi cabeza da demasiadas vueltas y me cuesta dejar el teléfono para comenzar la siguiente actividad del día. Quiero cambiar esto.


Al reflexionar, descubro que el beneficio de no cambiar es tener un momento acogedor, de calidez conmigo misma. Sin embargo, lo que realmente quiero es sentirme libre, alegre y motivada al iniciar mi día. Así que decido probar algo nuevo, mover un poco las cosas. Busco flexibilidad y tomo una decisión, aceptando la pérdida temporal de la comodidad de mis acciones anteriores.


El siguiente paso es pensar en una micro acción. En mi caso, mientras preparo el café, estiro un poco los hombros y el cuello y hago cinco respiraciones profundas mientras espero que el agua se caliente. Esta acción rompe ligeramente el ciclo, activa mi cuerpo y me recuerda que estoy en un proceso de cambio.


Esta acción debe ser fácil. Es importante elegir algo que realmente no requiera mucho esfuerzo. Si no se logra, conviene buscar una acción aún más sencilla, como solo estirar el cuello o solo respirar profundamente. La idea es iniciar un movimiento tan pequeño que no cambie demasiado las cosas, pero que sí mueva un poco el engrane de la máquina hacia el cambio. Si logro mantener esa pequeña acción, con el tiempo tendrá un efecto mayor y podré decidir cuál será la siguiente micro acción.


De acuerdo con el psicólogo e investigador BJ Fogg, quien popularizó el concepto de las micro acciones, estas deben estar ancladas a una rutina ya existente. En mi caso, es el momento en que caliento el agua para el café. Ese espacio ya está asegurado en mi día.


Después de decidir la acción y asociarla con una rutina establecida, se sugiere reconocerla con una pequeña recompensa: una sonrisa, una palmada, un gesto sencillo que nos envíe el mensaje de “veo lo que haces y me gusta”.

Estas pequeñas acciones funcionan porque ya tenemos la habilidad para hacerlas. Si queremos aprender algo nuevo, podemos comenzar por algo muy sencillo que ya sepamos hacer, en un momento que forme parte de nuestra rutina. Por ejemplo, si quiero leer un libro pendiente y no logro comenzar, puedo empezar leyendo unos minutos una revista o incluso unas cuantas líneas. Esto lo anclo a mi rutina nocturna: leer antes de lavarme los dientes.


Este método funciona porque la habilidad aumenta poco a poco, no porque exija más motivación. No depende de si me siento motivada o no, sino de realizar una acción fácil. El hábito crece de manera natural cuando la micro acción se repite de forma constante. Y no olvides premiarte al final: una gran sonrisa en el espejo puede ser suficiente.


Me gusta la propuesta del autor James Clear, quien acompaña estos cambios pequeños con frases como: “Soy el tipo de persona que se cuida” o “Soy el tipo de persona a la que le gusta mantenerse activa”. Estas frases refuerzan nuestra identidad y la conectan con valores que nos dan sentido en la vida.


Muchas veces usamos la culpa o el miedo como motor para cambiar. Intentamos evitar sentirnos mal ante una voz interna exigente que nos dice que no somos suficientes o que no hacemos lo suficiente. Este motor se agota con facilidad, como el burrito que persigue una zanahoria que nunca alcanza.


Por eso es importante hacer pausas, reconocer con humildad y compasión los pequeños logros y movernos desde el amor hacia nosotros mismos, alejándonos de la culpa y el miedo.


Por ejemplo, en lugar de decir: “Voy a dejar de ver redes sociales porque me da culpa perder el tiempo, soy floja”, podemos decir: “Soy el tipo de persona a la que le gusta sentirse viva, y voy a mover el cuerpo uno o dos minutos por la mañana mientras espero que se haga el café”.


Notemos cómo se siente distinto. Elijamos el amor hacia nosotros mismos. Tomemos la decisión y comencemos por algo pequeño. Les deseo un 2026 lleno de micro acciones… y de rico café.


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