¿Por qué siento con culpable y egoísta cuando me priorizo?
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El verdadero amor propio no tiene nada que ver con el egoísmo, Bucay define autoestima como la capacidad de reconocer el propio valor sin compararse, aceptarse con virtudes y límites, respetar las propias necesidades, emociones, tiempos y cuidarse sin culpa.

Rafaela Rodríguez
La autoestima no busca ser superior, solo ser auténtico. Desde aquí, la persona puede dar a otros sin vaciarse ni sacrificarse de más.
El sacrificio constante no es amor, nos han hecho creer que es uno de los amores más puros que puede existir, es aplaudido por la sociedad en la que vivimos, pero en realidad es un camino, un escalón de los niveles de amor que existen, no podemos sacarnos de la ecuación del amor ya que si lo hacemos es abandonarse a uno mismo.
¿Por qué me siento tan culpable de ser auténtico, de ver mis necesidades? Y la respuesta no tiene que ver sólo conmigo, somos producto de todo lo que nos rodea, de la época en la que nacimos, de los padres que nos tocaron y muchísimas cosas que no se ven, pero existen 3 respuestas que nos pueden dar un panorama:
1. En la generación a la que perteneces de los baby boomers (1946-1964) el mandato con el que creciste fue: “Primero los hijos, después tú”, “Ser buen padre/madre es sacrificarse”, “Pensar en uno mismo es egoísmo” Priorizarse rompía con el ideal del adulto responsable, siento el valor el dar, aguantar y postergar.
2. Había una confusión entre amor y sacrificio; ya que amar era sinónimo de renunciar, cuidarse era igual a fallar, decir “no” era ser una mala persona. Es por eso por lo que poner límites, elegir tu bienestar y no sostener cargas ajenas es cuando aparece la culpa como producto de la programación de lo que te dijeron que era amar, aunque la decisión sea sana.
3. La culpa como residuo emocional (no como error): al empezar a romper modelos aprendidos, surge la culpa heredada de lo que creo que es estar en la vida y como me relaciono con los demás
Cuando te priorizas, muchas veces temes ser visto como egoísta, perder el amor o reconocimiento, fallarle a la familia, dejar de ser necesario, el aprender a amarnos es una tarea de toda la vida que requiere de reflexión, experiencia e ir más allá de lo que creo para abrirme un día a amarme como lo sagrado me ama a mí.
Durante años tu valor estuvo en lo que hacías por otros, no en quién eras, estás cumpliendo un mandato aprendido “Valgo si sirvo”: vives desde aquí tu sentido de vida, todo lo miras y juzgas desde esos ojos y si le agregas que formas parte de la cultura latinoamericana que entre más sacrificio se tenga por la familia: mejor papá-mamá eres, el sentido de identidad, el reconocimiento es buscado arduamente.
Por eso amarse sanamente, ser auténtico es menos valorado y es hasta juzgado por la sociedad y por tu propia voz, ya que surge las preguntas existenciales.
¿Quién soy si no cuido?, si fui educad@ para hacer mi mejor papel en esta vida, si disminuyo el ritmo estoy faltando a quien soy y de lo que creo.
¿Qué hago si ya no me necesitan?, es por eso por lo que quiero retener a mi familia a toda costa: inclusive de mí y de ellos, ya que tengo la creencia que si me necesitan y lo les ayudo es mi forma de demostrar cuánto los amo.
¿Qué deseo yo?, y tal vez es una de las interrogantes más difíciles de contestar que surgen cuando me he cuestionado quién soy y mi papel en este mundo, pero la mente entra en conflicto ya que te pregunta: cómo me pides que conteste eso si fuiste educado y has practicado durante toda tu vida el arte de complacer los deseos de los que amas como mayor muestra de amor a la vida. ¡No sé cómo desear!, me he nulificado a tal punto que me causa ansiedad desear que quiero comer, una vestimenta nueva, a dónde quiero ir sin tomar en cuenta a los demás.
Cuando te priorizas no abandonas a los demás, no dejas de amar: sino abandonas la autonegación, eso descoloca a quienes estaban acostumbrados a que siempre estuvieras disponible. “No me estoy volviendo egoísta, me estoy volviendo responsable de mí.” Cuidarse no rompe vínculos sanos, solo rompe dependencias.
Es el momento de pasar del sacrificio a la elección, del deber al sentido, del “vivir para otros” al vivir con otros sin perderme; y que mayor regalo podemos darle a la vida y a quien amamos que el “regalo de ser uno mismo” y desde mi centro pueda amar todo lo que me rodea, desde este lugar ya no me vacío sino estoy en constante llenado de mi ser para poder compartirme con todo lo que me rodea y crecer juntos.







