¿Dar lata o no dar lata? Activar mi curiosidad y comunicar mis necesidades
- hace 2 días
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Desde que era niña he escuchado esta frase: “no des lata” o “das mucha lata”, y no siempre entendía bien qué significaba. Pienso que, en general, las personas no queremos molestar a otros, no queremos sentir que somos una molestia para los demás.

Maestra en Psicología Paulina del Monte
Pero, ¿qué es “dar lata”? ¿Qué es molesto de lo que hago? Me parece importante aceptar que sí podemos hacer cosas que molestan a otros y que también podemos hacer muchas cosas que agradan a los demás.
¿Pedir ayuda es “dar lata” o “molestar”? Asumir que pedir ayuda sí es una molestia puede ser un error; para muchas personas, ayudar da sentido, propósito y sensación de ser útiles. Entonces, lejos de molestar, les puedo dar la oportunidad de decidir qué quieren. Ayudar puede ser un factor muy central para ser felices.
Revisemos posibles acciones molestas: juzgar a otros o no respetar la forma de ser o pensar de alguien más, o peor aún, agredir activamente o pasivamente, con manipulación, groserías, gritos, insultos, entre otras conductas nocivas. Revisar esto no está de más.
Cuando empezamos las frases con un “deberías de…” o “tendrías que…”, cuando calificamos o criticamos constantemente, podemos generar en las personas el sentirse juzgadas. Podemos cuidar también nuestro tono de voz para que no sea muy alto o “golpeado”, así como las palabras que elegimos usar. Todos podemos actuar de esta forma cuando estamos bajo estrés. Para evitarlo, podemos hacerlo consciente y querer cambiarlo.
Si queremos mejorar nuestra forma de expresarnos y nuestras relaciones, podemos buscar conductas amables, nobles y empáticas. Comencemos por conocer cosas simples: lo que a los demás les gusta y lo que les molesta. Por ejemplo, averiguar si a la otra persona le gusta hablar por teléfono seguido; si le gusta salir a pasear o prefiere quedarse a ver una película, o jugar un juego de mesa.
Desde la curiosidad y con el propósito de mejorar mis relaciones, me puedo cuestionar: ¿qué me gusta a mí?, ¿qué necesito? y ¿qué espero de cada relación? Te invito a hacer una lista de las personas con las que te relacionas o te quieres relacionar y te contestes estas preguntas. Comenzar por poner la intención en lo que quieres de tus relaciones.
También puede ser molesto pedir más de lo que la otra persona puede o quiere dar, o pedir que haga algo que va en contra de sus valores. Entonces, podemos pensar en una red de apoyo y de ayuda: hacer una lista de las personas con las que cuento y que cuentan conmigo. Reflexionar para qué están disponibles, cuáles son sus tiempos y sus habilidades. Por ejemplo, quién es bueno para escuchar y hablar de mis emociones; quién es bueno para enseñar a usar la tecnología; quién es bueno para reír y quién para apapachar; quién administra bien el dinero, entre muchas otras posibles necesidades de las personas. De esta forma, hacemos que ayudar y pedir ayuda sea más eficiente y útil.
Recordemos que las personas solemos sentirnos bien cuando tenemos la capacidad para hacer las cosas que nos piden y cuando tenemos pequeños retos enfrente, pero no demasiado grandes que nos abrumen o frustren en exceso.
Las investigaciones dicen que para tener una relación saludable se requieren cinco interacciones positivas por una negativa, así que podemos enfocarnos en empezar a fomentar las positivas. ¿En qué puedo ayudar yo? ¿Cuáles son mis capacidades y fortalezas? Puede ser que yo sea buena escuchando al otro, contando chistes, enseñando canciones nuevas que me gustan o abrazando. Estas acciones pueden fortalecer mi autoestima, conectarme con la gente y reforzar, a la vez, mi red de apoyo. No tengo que ayudar solo a los más cercanos; puedo ofrecer ayuda a cualquier persona.
La empatía es un elemento necesario para las relaciones humanas sanas, así que la puedo promover dando espacio al otro para confiar y expresarse sin miedo al juicio, tratando de ser flexible con mi visión de las cosas y cuidando que mis reacciones sean adecuadas y proporcionales al tema. Con esa misma empatía y compasión puedo revisar mis necesidades y compartirlas con los demás, por medio de la comunicación asertiva.
La comunicación es también uno de los ingredientes principales en las relaciones humanas. Vale la pena revisar cómo me comunico, qué digo y para qué lo digo. Algunas personas comunicamos “sin filtro” y decimos lo que nuestra mente nos va contando. De pronto, decimos cosas que no queríamos decir. Entonces, podemos practicar la prudencia y el control de impulsos, respirando o escribiendo lo que quiero decir antes de tener una conversación importante.
Otras personas tendemos a guardar lo que queremos decir y, de pronto, explotamos por ya no soportar la emoción acumulada. Si somos de estas personas, podemos escribir primero a forma de desahogo o practicar con personas que reaccionan tranquilamente, ir ganando confianza con temas leves y problemas pequeños, y desarrollar fe en los buenos resultados de la comunicación interpersonal.
Para tener una comunicación positiva, aquí van algunas recomendaciones:
Hablar en primera persona (por ejemplo: “yo quiero salir a pasear”, “yo necesito compartir lo que me pasa” o “a mí me gustaría verte más seguido”).
Buscar el momento adecuado (por ejemplo, al terminar la jornada laboral o el sábado en la mañana, cuando la otra persona está relajada). Evitar momentos en que la otra persona esté cansada o estresada.
Que el mensaje sea claro y conciso.
Ley del sándwich (ejemplo: tapa de arriba: “me gusta mucho cuando pasamos tiempo juntos”; jamón o queso: “a veces me siento sola y necesito compañía”; tapa de abajo: “si pudieras venir los domingos de vez en cuando, podríamos jugar ajedrez y que me cuentes cómo va tu vida también”). Es decir, empezar por algo positivo, plantear la situación problemática y terminar con las consecuencias positivas de acceder a mi petición.
Estas herramientas mejoran la conversación y facilitan escucharnos mejor, aunque no me aseguren que la otra persona acceda a lo que yo quiero o pido.
En resumen, podemos usar nuestra curiosidad para conocer y reconocer a las demás personas y a mí misma. Enfocarnos en forjar relaciones saludables y positivas por medio de acciones concretas e interacciones positivas; y comunicar mis necesidades claramente, con intención y cuidado en la forma de expresar. Todo esto con el objetivo de crear espacios de conexión y apoyo mutuo, de tal forma que podamos ayudarnos con gusto y cuidándonos unos a otros.







